Cabaret Voltaire · Brindis TV · 2 h 08 min
Santiago O'Donnell y las filtraciones, “el último refugio del periodismo”
En una entrevista en Cabaret Voltaire, el periodista explicó por qué los documentos filtrados todavía pueden interpelar al poder cuando casi nadie le cree a nadie. Habló de Wikileaks, Snowden y del caso Nisman, sobre este último sostiene una versión distinta a la de la Justicia.
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“Las filtraciones para mí son el último refugio del periodismo”.
Santiago O'Donnell lleva treinta años en el periodismo y quince estudiando las filtraciones. Trabajó en el Buenos Aires Herald, en el Los Angeles Times y en The Washington Post antes de volver a la Argentina. Dice ser el argentino que más entrevistó a Julian Assange. La conversación parte de su libro Filtraciones. Periodismo, política y servicios (Sudamericana, 2025) y de una pregunta: qué puede hacer todavía el periodismo frente al poder.
Para él, el periodismo ya no es dueño de la primicia ni de las buenas historias, y le queda una tarea: interpelar al poder y mostrar lo que el poder quiere ocultar. Una filtración muestra algo que un poder no quiere que se vea, y lo central es el documento, que el público puede leer y discutir. Admite que casi siempre vienen de servicios de inteligencia, y que lo que le importa es que sean verdaderos y de interés público.
La entrevista pasa por Assange, Snowden y el caso Nisman. Sobre Nisman, O'Donnell sostiene que se suicidó, mientras que la Justicia investiga su muerte como un homicidio.
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Qué le queda al periodismo
O'Donnell ubica el comienzo del periodismo que investiga al poder en los Papeles del Pentágono y en el caso Watergate, y en la Argentina en La Opinión de Jacobo Timerman. Calcula que esa edad de oro duró entre veinte y treinta años.
Durante unas décadas, dice O'Donnell, los periodistas hacían tres cosas: dar la noticia, contar historias e investigar al poder. Las dos primeras ya no son suyas. En la época que describe, la Argentina tenía cuatro diarios, tres radios con equipo de noticias y dos revistas, y quien no trabajaba en uno de esos siete medios no podía dar noticias. Hoy la primicia suele estar en el celular de alguien que estaba en el lugar, y en Instagram, dice, la tía de cualquiera cuenta mejores historias que muchos periodistas. Queda la tercera tarea: interpelar al poder y mostrar lo que el poder quiere ocultar.
De ahí sale la frase del título: “las filtraciones para mí son el último refugio del periodismo”. Una filtración, explica, muestra algo que un poder no quiere que se vea, y lo central es el documento. Cuando la confianza en el periodista se debilita, el documento adquiere otro peso. Ya no alcanza con pedirle al público que crea. Hay que mostrarle aquello sobre lo que se construyó la historia. Si hoy apareciera un Watergate con una fuente anónima llamada Garganta Profunda, dice, nadie le creería. Con el documento subido a internet, en cambio, es el público el que decide si es creíble.
El periodista no desaparece. Sigue siendo necesario para dar a conocer el documento, explicarlo y ponerle su firma como garantía. Pero lo que importa, dice O'Donnell, es el documento, y el periodista puede ser quien lo exhibe. Lo compara con lo que pasó con las empresas: antes había que hablar con el vocero de prensa para saber algo de una fábrica, y hoy se mira la página web de la empresa.
Ver este tramo en YouTube · 00:12:36 ↗La opacidad también es poder
La tesis más clara de la entrevista llega cuando O'Donnell relaciona información y democracia. “Información es poder, pero sobre todo opacidad es poder”, dice. La capacidad de guardar secretos da ventaja a quien la tiene, y por eso, según él, “cuanto más opacidad, menor democracia”. Para que haya democracia, afirma, es decisivo cómo circula la información: “si la información no circula, las democracias mueren”.
Lo explica así: en una dictadura, la información de la gente sube entera hasta el dictador y baja convertida en propaganda, como en un ascensor. En una democracia ideal, en cambio, se mueve circularmente: una persona le da sus datos a una empresa de streaming, la empresa los informa al organismo que la regula y cualquiera puede pedirle a ese organismo la información. Aclara que no existen democracias perfectas y que los modelos reales son “a veces son rombos, a veces cuadrados”.
Ver este tramo en YouTube · 00:28:32 ↗Assange creó un género
O'Donnell presenta a Julian Assange como una figura decisiva: dice que ningún otro periodista de este siglo le llega cerca. Según su definición, la filtración periodística es un subgénero creado y sistematizado por Assange, con antecedente en los Papeles del Pentágono. Cuenta que Assange le dijo una frase que lo marcó: conseguir filtraciones es fácil, lo difícil es publicarlas, y quien publica siempre paga un costo.
Ver este tramo en YouTube · 00:31:51 ↗Quién filtra y por qué
O'Donnell se aparta del relato romántico del individuo valiente. Dice que en Europa o Estados Unidos hay filtradores que arriesgan su vida por razones morales, pero que en América Latina, donde delatar está mal visto y recién empieza a usarse la palabra “alertador”, ese lugar lo ocupan con frecuencia los servicios de inteligencia.
Una filtración también puede llegar recortada o de alguien con intereses propios. O'Donnell lo reconoce: dice que casi siempre vienen de servicios de inteligencia, por razones interesadas, y que aun así lo que le importa es que el documento sea verdadero y de interés público. Con el documento a la vista, esas dudas se pueden plantear sobre algo concreto que cualquiera puede leer, comparar y discutir. Una vez que el material circula, sostiene, es muy difícil decir que es mentira, y la inteligencia artificial, en su opinión, ayuda más a chequear una información que a inventarla.
Reconoce que no toda filtración se justifica. Un periodista, dice, siempre pesa el interés privado contra el interés público, y casi siempre gana el público. Da dos excepciones: el chat privado de una persona sin cargo ni exposición pública, y lo que Jacobo Timerman dijo bajo tortura, que además se sabe falso.
Para O'Donnell, una democracia se mide por cuánto circula la información. Por eso dice que contar es “un imperativo democrático”: “si no contamos las democracias mueren”.
Ver este tramo en YouTube · 00:37:04 ↗Snowden y los estados que filtran
Sobre Edward Snowden, O'Donnell dice que sus documentos confirmaron lo que Assange le había adelantado: buena parte de la información del mundo pasa por Estados Unidos y es interceptada en cables submarinos y satélites. Del grupo conocido como los Cinco Ojos (Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), dice que Snowden mostró que la inteligencia estadounidense se comparte con esos cuatro países. La alianza ya era pública: Estados Unidos y Gran Bretaña desclasificaron en 2010 los acuerdos de los años cuarenta que la originaron. Lo que mostraron los documentos de Snowden, publicados desde junio de 2013, fue hasta dónde llegaba la cooperación entre esos servicios.
Según O'Donnell, Snowden se veía como un patriota que quería corregir al sistema, mientras que Assange se veía como un revolucionario. También afirma que los principales filtradores del mundo son los gobiernos, y que los más activos son Estados Unidos y Gran Bretaña, que no persiguen a quienes filtran en su favor. Lo resume así: si la filtración les gusta, es periodismo y hay que proteger a la fuente; si no, los autores pasan a ser espías y terroristas. Una filtración puede ser verdadera y, a la vez, formar parte de una disputa entre gobiernos o servicios de inteligencia.
Ver este tramo en YouTube · 01:06:03 ↗Nisman: lo que dice O'Donnell y lo que dice la Justicia
Alberto Nisman, el fiscal que investigaba el atentado a la AMIA, fue hallado muerto el 18 de enero de 2015. En este tramo O'Donnell aplica el método que defiende en su libro: empezar por la evidencia física y dejar el móvil para después. Según su lectura, la escena del baño es, contrariamente a lo que se creyó, “la escena más prístina, más limpia”, y la salpicadura de sangre sobre la puerta muestra que estaba cerrada. Se pregunta cómo pudieron entrar y salir dos personas sin dejar ninguna marca.
De esa lectura concluye que Nisman se suicidó. Dice que se disparó para arruinarle la carrera a Cristina Fernández de Kirchner, con quien estaba enfrentado desde la firma del memorándum con Irán, antes de tener que explicar su denuncia en el Congreso. Dice también que el principal beneficiado políticamente por esa muerte fue Mauricio Macri, y aclara que eso no convierte a Macri en autor: en su argumento, un beneficio político y una responsabilidad penal son cosas distintas.
La Justicia sostiene lo contrario. Un peritaje de la Gendarmería Nacional de 2017 concluyó que Nisman fue asesinado por dos personas, que lo redujeron y le dispararon en el baño. El juez Julián Ercolini procesó a Diego Lagomarsino, el técnico informático que le había prestado el arma, como presunto partícipe necesario, y en 2018 la Cámara Federal respaldó la hipótesis de homicidio. El fiscal Eduardo Taiano sostiene que lo mataron por su trabajo en la causa AMIA y mantiene la investigación abierta, sin autores identificados. En 2026 pidió además procesar a la ex fiscal Viviana Fein por encubrimiento agravado, porque entiende que alteró la escena del hecho, algo que O'Donnell considera intacta.
Los peritajes no coinciden entre sí. Una junta médica de la Justicia de 2015 no halló huellas ni ADN ajeno y no pudo descartar ninguna hipótesis. La Gendarmería detectó ketamina en baja concentración, y las defensas cuestionan cómo se obtuvo ese resultado y si el informe respetó los protocolos. Los dos informes coinciden en que el departamento estaba cerrado por dentro y sin señales de forzamiento.
O'Donnell ubica además el caso en una disputa entre Israel, Estados Unidos e Irán, donde Argentina, dice, era un actor chico. Cree que la denuncia de Nisman tuvo repercusión mundial porque les interesaba a Estados Unidos y a Israel. Es una hipótesis suya y el material disponible no la demuestra.
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“Información es poder, pero sobre todo opacidad es poder.”
O'Donnell lo dice al explicar por qué, según él, cuanto más opacidad hay, menor es la democracia.
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