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Historia y Cultura · 23/7/2026

Arte x Charlie

Escrito por un taxista y sus pensamientos sobre el arte.

Mi nombre es Charlie. Ya tengo una edad considerable. Me siento bien físicamente, pero hay ciertos días que quedaron atrás. Tengo una hija. Eso me produce una inmensa felicidad, pero, en lo mundano de la vida, uno no siempre tiene en cuenta los grandes regalos. Los normaliza.

Cuando digo “uno”, hablo de mí. Actualmente soy taxista. Una herencia de un monto regular me permitió cumplir mi sueño. Este no fue siempre mi sueño, pero, cuando vi que la vida ya no me dejaba nada, se transformó en mi sueño. No fumo. Jamás pude.

(¡No se confundan! Nada tengo que ver con ese Charlie Randle que da clases de spinning).

Esto que paso a escribir es mi pequeño tesoro. Les comparto a continuación todo lo que aprendí del arte.

Un taxi en Buenos Aires.
Un taxi en Buenos Aires.

Primero tendríamos que definir qué es el arte. Si pensamos en los performers, no tienen mucha diferencia con los streamers estadounidenses: una puesta en escena constante. Ahora los streamers pueden exhibirse durante 24 horas o más ante el mundo.

Qué agradecido estoy al taxi. Tanto tiempo me da para pensar.

Lo primero que sale en internet al buscar la definición es: “Capacidad, habilidad para hacer algo”. Lo encuentro bastante correcto. Si limitamos el arte a las ramas del cine, la música, la danza, las artes plásticas, etc., se nos queda afuera algo esencial:Maradona. ¿Alguien puede ver un video de él y decir que no hay arte? Un arte elevadísimo.

Diego Maradona.
Diego Maradona.

Saquémoslo a él por un momento. Hay abuelas que, cocinando, hacen arte. Personas que, en los asados, se ponen a hacer arte. Finn Russell es el santo artista escocés y juega al rugby.

Según Jerry Seinfeld —en una charla con Will Ferrell—, el arte es cualquier cosa que se crea de la nada y que le gusta a otra persona. Esto sucede luego de que Will le confiesa que siempre se siente extraño cuando alguien que conoce se refiere a lo que hacen como arte.

En mi último viaje también apareció otra definición. Alguien me dijo que el arte podía estar en la observación, en el ojo. Que la apreciación de algo ya convertía lo que se estaba haciendo en arte.

Con esto me alcanza: el arte puede estar en cualquier cosa, perono cualquier cosa es arte. Ya teniendo eso claro, podemos continuar.

El duende en el arte

Federico García Lorca creó un texto sumamente importante para la historia del arte, según mi punto de vista. Tiene poco valor, pero es mi punto de vista.

Lo primero que dijo fue que, en el refinado salón de la universidad a la que fue, se cansó de escuchar discursos frívolos y aburridos de la aristocracia.

Hay una frase: “Esto tiene mucho duende”. En toda Andalucía se habla del duende.

Goethe
“Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica”.
Federico García Lorca

“Así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar”.

“El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies”.

Federico García Lorca escribe:
“Los grandes artistas del sur de España, gitanos o flamencos, ya canten, ya bailen, ya toquen, saben que no es posible ninguna emoción sin la llegada del duende. Ellos engañan a la gente y pueden dar sensación de duende sin haberlo, como os engañan todos los días autores o pintores o modistas literarios sin duende; pero basta fijarse un poco y no dejarse llevar por la indiferencia para descubrir la trampa y hacerle huir con su burdo artificio”.

Estos son algunos extractos del texto de Lorca. Léanlo completo, pero creo que lo que tomé nos acerca al concepto de duende. ¿Para qué escribir si ya lo escribió Federico?

El aura

Este concepto es de Walter Benjamin. Yo lo modifico: él dice que el cine destruye el aura. Para mí, no.

Lo explico como lo explico en el taxi. Vos podés ver una película en tu casa. Puede ser una experiencia que esté buena. Pero no fuiste al cine. El cine es un lugar transformador. Es una experiencia compartida. Es muy importante el factor social.

Les pido por favor: si alguien habla en el cine, cállenlo. Ustedes tienen razón.

Yo ahora mismo puedo buscar esa pintura,La vuelta del malón. No va a ser lo mismo que estar parado frente a ella. Imagínense ver un video de una obra de teatro, comparado con estar ahí. Escuchar a una banda en vivo, comparado con escuchar el disco. O ver un video de tu abuelo cocinando, comparado con estar ahí. Me emociono.

La vuelta del malón.
La vuelta del malón.

El arte es objetivo

Esta idea me trae discusiones, pero estoy muy seguro.

Julian Casablancas fue quien corrió el velo.

En una entrevista dijo:

—Proviene de una convicción que desarrollé cuando tenía 15 años —probablemente por influencia de mi padrastro—: que el arte no es subjetivo. Creo que el arte es objetivo y que el tiempo revela la verdad sobre la calidad.

—Bueno, yo entiendo la calidad como el trabajo que la gente pone en algo. Eso es lo que genera calidad: las personas que más trabajan. Pero, si hablamos de juzgarla superficialmente, es como preguntar: “¿Qué hace bueno a un médico?”. Hay muchas respuestas posibles.

A continuación, cómo lo tomo yo:

El arte es objetivo. No hay manera de que alguien pueda afirmar, en una charla, que la última canción de la estrella pop que hace que las mujeres se sexualicen a temprana edad es mejor que “Música para pastillas”, “Raros peinados nuevos” o “Wish You Were Here”.

No digo que una canción sea mala solamente por sexualizar. Digo que, además de vendernos una imagen, quieren convencernos de que lo fabricado para durar una semana está a la altura de una obra que sobrevivió décadas.

Tampoco es tan objetivo como para comparar dos canciones buenas, decir que una es mejor y que eso sea una verdad absoluta. Pero hay que afirmar que es objetivo para que dejen de manipularnos.

La aclaración importante es queel gusto no es objetivo. El gusto es subjetivo.

Si alguien dice que la última canción de la estrella pop le gusta más que “La gente es extraña”, de Las Puertas —como aparecían traducidos los nombres en los vinilos de antes—, entonces no podemos argumentar nada. Como mucho, le podemos decir: “Qué gusto raro que tenés”.

El gran truco del arte

Lo más lindo del arte. Cuando lo logra. Cuando nos tenemos que rendir ante la inmensidad. Cuando reconocemos que algo nos va a acompañar para siempre.

La ciencia puede intentar llegar al misterio. Tener la ambición desmedida de encontrar la respuesta. El arte lo hace desde hace muchísimo tiempo. Y ya lo logró muchas veces.

Cuando vemos una obra, nos abre una cortina. Nos devela algo oculto. Si uno tiene el ojo atento, aparecen secretos.

Ese es su mejor truco. Darnos a conocer algo nuevo. Algo que hasta ese momento era inaccesible. Inefable.

La ironía en el arte

La ironía es otro truco. Cuando sucede, es muy gracioso. Una obra que tiene una lectura y se masifica de otra manera. Por ejemplo:El lobo de Wall Street para personas que quieren hacerse millonarias.

Me pasó una vez. Pasé por un show de Babasónicos y me encontré con dos situaciones. Primero, un grupo de chicos bien alimentados tomaba alcohol y uno, tratando de hacer un chiste, le dijo a su “amigo” que su novia era una puta. Por otro lado, unas chicas jóvenes se quejaban de que había muchas familias y “tinchos”. Eso te hace preguntarte si escucharon las letras atentamente o si las palabras vuelan por arriba de sus cabezas.

La ironía está en que la obra puede masificarse hasta convertirse en decoración. Aunque se desestimen las ideas que la vuelven valiosa, esa masificación les da más acceso a otras personas que pueden tomar esas ideas.

El mensaje en el arte

Otra alarma aparece cuando alguien habla del mensaje de una obra. “Esta película tiene un mensaje”. “Este es el mensaje de la obra”. Las obras no tienen mensajes.Tienen ideas. Las grandes obras admiten múltiples lecturas que pueden conversarse. Reducirlas a una enseñanza única es subestimar al público. Nunca hay que subestimar al público. Es una traición. Las malas obras, en cambio, suelen estar subrayadas: tienen una lectura evidente, cerrada y simplista.

II

Hasta acá, lo que hace el arte. Ahora, lo que hacen con él.

El libre mercado en el arte

Consulté a un youtube de economía de Estados Unidos sobre si para él un mercado necesitaba necesariamente leyes o regulaciones para existir. Me dijo que no y me recomendó a un escritor que había investigado varios mercados sin leyes ni regulaciones.

Podemos decir que un mercado no necesita necesariamente leyes ni regulaciones para existir.

Pero, cuando hablamos de arte, hablamos de un mercado particular, ya que es mucho más difícil establecer los precios.

¿Por qué el mercado del arte es tan particular?

Es simple: yo puedo decir que la botella de Stella Artois que tengo a mi izquierda, a medio tomar, es una obra de arte. También puedo decir que vale un millón de dólares. Alguien puede venir y comprármela. En una transacción así se puede lavar dinero.

Hace un tiempo, Guillermo Moreno habló en televisión de tres grandes narcotraficantes de la Argentina. Dio el nombre de uno y, sobre otro, dijo que tenía un museo. Seguramente hacía referencia a Costantini, dueño del MALBA. Esto me lo comentó un compañero taxista.

¿Cómo se lava dinero con el arte?

Permanent Subcommittee on Investigations

“Secrecy, anonymity, and a lack of regulation create an environment ripe for laundering money and evading sanctions.”

“El secretismo, el anonimato y la falta de regulación crean un entorno propicio para lavar dinero y evadir sanciones”.

Entonces una obra puede comprarse y venderse a precios difíciles de verificar, con identidades protegidas y sin una referencia estable que permita determinar si el valor declarado es razonable.

La dificultad para justificar los precios y el poder de los intermediarios permiten que el arte también pueda utilizarse para lavar dinero.

Unos pocos deciden el valor de una obra y también poseen el lenguaje que explica ese valor. Por ende, no nos tiene que extrañar la falta de democratización en el arte: el espectador siente que no tiene los conocimientos suficientes para discutir ni la obra ni su precio.

Se vuelve algo difícil de entender. No se puede cuestionar el precio del arte porque no se comprende el arte.

Y ahí llegamos al gran truco del mercado del arte contemporáneo: el elitismo.

Hay una manera muy fácil de reconocer ese elitismo. Una explicación puede ampliar una obra, perono puede crear desde cero una experiencia que la obra no produce. Vos tenés que verla y hacer tu lectura. Si te formás para hacer esa lectura, mejor.

Entonces, cuando ves una obra como, por ejemplo,Sin pan y sin trabajo, la ves y algo te genera. Si la volvés a ver unos años después, eso puede cambiar. Con el tiempo podés profundizar y pueden aparecer nuevas ideas. Porque en el arte tienen que funcionar lo textual y el subtexto.

Sin pan y sin trabajo.
Sin pan y sin trabajo.

Si lo que ves no funciona, pero el subtexto sí, probablemente haya algo de elitismo. Es decir: si ves una luz pegada a una esquina y no es más que eso, lo textual no está funcionando. La obra está queriendo parecer más inteligente de lo que es.

Ahí aparecen los elitistas a explicarte que esa luz habla de la revolución comunista y no sé qué más.

El circuito lo logra cuando el espectador no puede discutir ni el precio ni la experiencia de la obra porque otro grupo monopolizó ambas explicaciones.

Pero la obra no. No lo logra.