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Arqueología de Internet

La tiranía de la falta de estructura

En 1970, Jo Freeman dio una charla en Mississippi que la publicación a la que se la ofreció no usó y que igual dio la vuelta al mundo. Su tesis es que en un grupo sin reglas explícitas el poder lo ejercen, sin que nadie lo haya decidido, quienes están mejor conectados.

Jo Freeman / charla en Beulah, Mississippi

Retrato de Jo Freeman con anteojos, mirando a cámara
Foto: Binghamton University Libraries (entrevista de Stephen McKiernan, 2010) ↗

“No existe tal cosa como un grupo sin estructura.”

Traducción editorial

Una charla en Mississippi

Jo habló en una conferencia de la Southern Female Rights Union, en Beulah, Mississippi. Lo que contó salía de los grupos del movimiento de liberación de las mujeres de esos años. Escribió la charla y la primera edición oficial salió en 1972 en The Second Wave, firmada con el seudónimo Joreen.

Después apareció, ya con su nombre, en una revista de sociología de Berkeley y en la revista Ms. Con los años se tradujo y se reimprimió en muchos países, casi siempre sin que ella lo supiera. Una de las versiones en español la hizo el Partido Pirata de Argentina, que la publicó en su sitio el 24 de enero de 2015.

En los grupos del movimiento regía una idea: no tener líderes ni estructura. Nació como reacción a una sociedad con demasiada estructura y control sobre la vida de la gente, y a una izquierda que, según Freeman, seguía siendo elitista. Mientras los grupos se dedicaban a conversar y a compartir experiencias, la idea funcionaba. Los problemas empezaban cuando querían hacer algo más concreto, porque conservaban la misma forma de organizarse aunque su tarea había cambiado.

Todo grupo tiene una estructura

Freeman sostiene que un grupo sin estructura no existe. Cuando un conjunto de personas se junta durante un tiempo con algún propósito, se organiza de alguna manera, quieran o no. Lo único que pueden decidir es si esa estructura va a ser explícita.

Si no lo es, pesa quién conoce a quién. Las amistades funcionan como una red de comunicación por fuera de los canales oficiales, y quienes forman parte de esa red tienen más poder que el resto. Freeman llama élite a un grupo chico con poder sobre el grupo grande del que forma parte, normalmente sin rendirle cuentas. Según ella, esas élites son, simplemente, grupos de amigos que además participan en las mismas actividades. Las reglas de cómo se decide las conocen pocos, y los demás quedan en la confusión.

Para reconocer esa red, escribe, alcanza con observar a quién se consulta antes de tomar una decisión: así se sabe quién está dirigiendo. Y hay una consecuencia que subraya. Ese poder informal nadie lo otorgó, así que nadie puede quitarlo, y el grupo tampoco puede exigirle que rinda cuentas.

Freeman admite que a veces un grupo sin estructura funciona. Pasa cuando tiene una tarea concreta, como organizar una conferencia o sacar un periódico; cuando es chico y sus integrantes se parecen; cuando se comunican mucho; y cuando las habilidades están repartidas, de modo que nadie es indispensable. Según Freeman, esa combinación es rara y difícil de repetir.

Qué propone

Freeman considera que la estructura no tiene nada de malo en sí misma, salvo su exceso. Las estructuras informales son inevitables y pueden hacer cosas útiles. El problema aparece cuando son las únicas que gobiernan al grupo.

Propone experimentar con distintas formas de organizarse y deja siete principios para estructurar un grupo con control democrático. Entre ellos: asignar tareas específicas a personas específicas mediante procedimientos democráticos, que quienes reciben una tarea respondan ante el grupo que los eligió, repartir la autoridad entre la mayor cantidad posible de personas, rotar las tareas y difundir la información a todos, porque, dice, la información es poder.

En abril de 2026, una entrevista publicada en HackerNoon a Magenta Ceiba, de dOrg, volvió a citar a Freeman al hablar de las DAO, comunidades en línea que se gobiernan entre sus integrantes, sin autoridad formal. Sostiene que cuando se rechaza la jerarquía formal, el poder sigue existiendo y queda invisible y sin rendir cuentas.

El ensayo habla de un movimiento de los años setenta y deja una idea que se aplica a cualquier grupo. Todo grupo tiene una estructura, y si no es explícita, la conocen pocos. Cuando es explícita, todos pueden discutirla.